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Del viejo Sindicato Agrícola de Azofra al nuevo Edificio Multiusos

Sindicato de Azofra, restaurado e inaugurado el 22 de julio

El pasado martes y coincidiendo con el día grande las fiestas en honor a Santa María Magdalena, Azofra abría las puertas de su Edificio de Usos Múltiples y que acogerá también el consultorio médico. Lo hacía en la restaurada casa que se levanta próxima a la iglesia y que ha sido testigo de más de un siglo de vida de esta villa riojalteña.

Todo pueblo tiene historia y la de Azofra es tan rica como desconocida. El sindicato, constituido como Sindicato Agrícola de Azofra, data del 16 de julio del 1910. Durante décadas fue centro de reunión de los sayones, gentilicio de los habitantes de Azofra. Aquel 16 de julio se entregó a José Echanove, Gobernador de Logroño, el reglamento por el que se iba a regir esta asociación. Éste constaba de seis capítulos, 87 artículos, un artículo adicional y disposiciones transitorias.
Víctor Martínez fue su primer presidente de una junta directiva formada por diez miembros en total: Rufino Fontecha, vicepresidente; Esteban Martínez, secretario; Perfecto Fontecha, vicesecretario; Francisco Lacalle, Tesorero-Contador; Alejandro Pérez, vocal primero; Ladislao Udabe, vocal segundo; y Anastasio Corcuera, vocal tercero. Primitivo Martínez y Lucio García, asumían los papeles de suplente primero y suplente segundo de los vocales, respectivamente.

Curiosidades.
  • Hacerse socio costaba 2 pesetas. La cuota mensual ascendía a 0.10 pesetas por hectárea de terreno labrantío que cultivasen.
  • La multa por ocultar deliberadamente más de una hectárea que labrasen ascendía a 25 pesetas.
  • Podían ser miembros del Sindicato tanto vecinos de Azofra como no vecinos, que tuvieran al menos una hectárea de tierra de labranza y que, tras solicitar su ingreso al presidente, obtuvieran a su favor la mitad de los votos más uno. Admitía mujeres como socios.
  • El Comité Directivo del Sindicato se elegía en junta general de socios. Los cargos tenían vigencia por un único año, si bien podían presentarse a la reelección todas las veces que quisieran. Sólo podían tener voto aquellos que no estuvieran “al descubierto’ en las dos últimas cuotas mensuales. Quienes tuviesen más de una hectárea podían emitir un voto más por cada una de ellas. Era obligatorio asistir a las juntas salvo “pena de sanción económica”.
  • Se podía delegar el voto.
  • Entre los objetivos del Sindicato estaba la compra de bienes y maquinaria para que pudieran ser utilizados por sus socios en las labores propias del campo, mejora de explotaciones, venta conjunta o el logro de créditos en mejores condiciones económicas.
  • Asumía la capacidad para ser árbitro en litigios entre socios del Sindicato.
  • El Sindicato ofertaba un seguros mútuo de los daño producidos en los campos de sus asociados “por mano criminal”. Si uno de los asociados era el “dañador” era apartado inmediatamente del Sindicato y entregado a la Justicia.
  • El Sindicato nombraba al Guarda Jurado, encargado de la vigilancia de los campos. Para optar a este cargo de Guardia, los aspirantes debían tener entre 25 y 60 años; constitución robusta y no tener defecto físico que impida el exacto cumplimiento del cargo; saber leer y escribir correctamente; ser de reconocidas buenas costumbres y gozar de buena opinión y fama; no haber sido separado antes del cargo de guarda rural.
  • El Guarda Jurado (o Rural) podrían contar con “temporeros” necesarios en su ayuda y disfrutaba de un suelo de 1,50 pesetas diarias, “cobraderas por mensualidades”, amén de ver cubiertos los gastos que le pudiera ocasionar la guardería rural.
  • El uniforme del Guarda constaba de chaqueta, chaleco y pantalón corto o bombacho de paño pardo von visos encarnados, polaina de color, borceguí blanco y sombrero de hule negro, con una chapa de metal en su parte anterior y lema que diga ‘Guarda Jurado del Sindicato Agrícola y Azofra’. Como prenda de abrigo, una manta de las llamadas de monte.
  • Como armamento, el Guarda disponía de una carabina Remington y bayoneta con canana para la dotación de cartuchos. Su equipo sumaba, además, cartera con papel, pluma y tinta, título de su nombramiento y libro de denuncias.